La distribución de los recursos, en el cuerpo y en la comunidad

distribución de los recursos

Hace unas semanas, en esos encuentros de café al sol que nos mantenían saludables, una compañera me planteó una metáfora sobre el dinero que me ayudó a ver algunos aspectos de forma muy clara y gráfica.

Me dijo que habíamos convertido el dinero en la sangre de la sociedad, en lo que necesitábamos para nutrirnos y estar vivos.

Si dejamos que esta imagen tome cuerpo, rápido asociamos sangre a líquido, líquido a circulación; asociamos dinero a recursos en general. Y se hacen evidentes diferentes situaciones relacionadas con la distribución de los recursos y la salud social.

Si observamos qué ocurre con los líquidos corporales vemos que circulan con facilidad en un cuerpo cuyos tejidos mantienen la capacidad de cambiar de estado

Circulan con facilidad entre tejidos que pueden sostener diferentes grados tensión y distensión con la misma facilidad, que tienen libertad para viajar entre la una a la otra y que mantienen despierta la inteligencia que les permite saber cuando es el momento adecuado de cambio. Y, al mismo tiempo, son esos líquidos los que les permiten mantener estas cualidades.

Si a ese cuerpo, que mantiene su equilibrio, le aplicamos una presión en un punto determinado el flujo de líquidos cambiará su trayectoria

Por ejemplo, un sujetador que aprieta los tejidos alrededor de los pechos dificulta el intercambio de líquidos entre los pechos y el resto del cuerpo.

Lo mismo ocurre si la presión es social o emocional. Una situación que ponga en riesgo la supervivencia puede crear tensión en el diafragma, por ejemplo, y dificultar el flujo de líquidos entre la parte superior del cuerpo y la inferior.

images of dry rivers - Google Search | Dry river, Country roads, River Podemos decir que la presión es una herramienta para dirigir el flujo de líquidos en el cuerpo

A veces puede ser necesario para dar respuesta a una situación concreta. Si me corto, aplicar un torniquete frenará el flujo de sangre hacia la herida y evitará que me desangre.

Si esto sucede de forma puntual y durante los momentos en que es necesario, eliminada la presión, el cuerpo recuperará sus capacidades.

Si por el contrario, mantenemos la presión en el tiempo el cuerpo empieza a degradarse. Las zonas en las que se ejerce la presión empezarán a secarse, los líquidos no las atraviesan, y el resto a encharcarse, los líquidos no pueden salir de ellas. Es como poner una presa en un río.

Y la degeneración de todo el organismo llega de forma paulatina. Muchas veces inadvertida debido a la poca atención que le prestamos a los procesos corporales.

Las zonas secas se deterioran por falta de nutrición y aceleración del envejecimiento, y las encharcadas se deterioran por putrefacción.

Me parece inevitable hacer la traducción a lo social

Y me parece natural nuestra falta de habilidad en este campo cuando, ni siquiera, sabemos manejar el asunto en nuestros cuerpos.

¿Y cómo cambiamos socialmente para no morir, de sequedad unos y podridos los otros?

Parece que restablecer el flujo de nuestros recursos es indispensable, liberarnos de (o)presiones.

Hablando con mi hija, ella me decía que no podíamos implantar una estructura social basada en el diálogo si como sociedad no sabemos mantenerlo. Que necesitamos una estructura intermedia que nos permita entrenarnos en el dialogar y que de forma natural, y a medida que vayamos aprendiendo a hacerlo, pasaremos a fases posteriores.

Me parece tan sensato. Y lo mismo que ocurre con el diálogo, ocurre con la libertad y la responsabilidad.

Y volvía a llevarme al cuerpo. Efectivamente, es de una tremenda ingenuidad pensar que podemos saltarnos una fase en desarrollo y que podremos sostener la siguiente sin dificultad. Y tampoco en esto nos manejamos bien, ni siquiera corporalmente. Creo que ninguna especie animal, más que la nuestra, fuerza a sus crías a ponerse en pie cuando aun no están preparadas.

Más que compresión, nos falta entrenamiento (*)

Mi experiencia, que coincide con la de much s, me dice que empiece por lo que tenga a mano. Y en ese lugar en el que no tengo que pedir permiso, donde solo yo me otorgo o me niego la libertad.

Empezaría por lo tangible y concreto. Por restablecer el flujo, la libertad y la responsabilidad en la carne, en la propia.

Luego, de forma natural, y en la medida que vayamos aprendiendo, pasaremos a fases posteriores.

 

Tere Puig

 

(*) Recomiendo muy mucho el libro de Dennet «De las bacterias a Bach»

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