Emprender con el cuerpo

El final de los viajes casi nunca coincide con la vuelta a casa

Este texto es parte del viaje a Bobo-Dioulasso, en Burkina Faso, de dónde «he vuelto» hace unos días.

Allí, las mujeres, y también algunos hombres, se organizan en asociaciones para poder llevar adelante diferentes proyectos comunes y dar soporte individual a cada persona cuando es necesario. Estas organizaciones forman parte del tejido económico de esta sociedad.

Conocer el nacimiento de una de ellas me proporcionó un ejemplo claro de lo que significa emprender con el cuerpo. Porque se puede emprender solo con la cabeza o implicar también al cuerpo. Y la segunda opción asegura que las raíces de la actividad puedan sostener y nutrir el proyecto que se inicia.

 

Situaciones y soluciones

Me contaban las mujeres de la asociación burkinabesa de mujeres Saramaya Lolo, que los nacimientos y los fallecimientos suponen un esfuerzo económico muy grande para la mayoría de familias.

A nosotros, lo del nacimiento nos parece lógico: una boca más, por resumirlo en una frase. Pero creo que lo del fallecimiento tiene una dimensión mayor de lo que imaginamos. Aquí, uno no empieza a ser «necesario» hasta cierta edad y llega un momento en que dejas de serlo. Así nos vemos y así nos tratamos. Allí, tienes la sensación de que todo el mundo es necesario. Y no es poesía ni pensamiento positivo, lo que percibes es que se vive así. De modo que el que se va, independientemente de su edad, deja realmente un hueco que no es solo emocional. Queda un hueco social y material y para compensarlo se necesitan recursos.

Fue el vivir la dificultad de enfrentarse a estos momentos lo que llevó a varias mujeres a organizarse

Martine y otras mujeres, emparentadas entre sí, decidieron crear un fondo común que pudiera ser utilizado por cualquiera de ellas cuando en sus respectivas familias hubiera un nacimiento o una muerte. Les funcionó muy bien y pronto otras mujeres, cercanas a sus círculos, se interesaron en participar. Además de dar solución a un tema económico, la asociación también asegura un espacio de diálogo y apoyo en todos los ámbitos.

Era el inicio de lo que sería un desarrollo orgánico de la estructura y la actividad que acababan de empezar. ¿Por qué orgánico? Porque, como veremos, no pensarán ni gestionarán cambios hasta que surja una necesidad real de hacerlo.

Más allá de sobrevivir en los momentos críticos

Allí, no solo estos momentos vitales son difíciles, las condiciones de vida en general no son sencillas. La mayoría de la gente no tiene un contrato de trabajo como aquí. O simplemente no tiene un trabajo regular. Sin embargo, las necesidades básicas son tan regulares como lo son en nuestras tierras. Y, muchas veces, no se cubren de forma tan sencilla.

De esa necesidad de acceder a unos ingresos más o menos periódicos, las mujeres de la asociación empezaron a hablar de la posibilidad de elaborar algunos alimentos para la venta local. Tenían el conocimiento y la fuerza para hacerlo, había gente que necesitaba estos productos, pero les faltaba el dinero para la inversión inicial en materia prima y algunos utensilios. En ese momento vieron que la misma estructura que les servía para obtener recursos en esos momentos vitales difíciles, les podía servir también para financiar lo que podía llegar a ser una fuente de mayor estabilidad.

Y así, por acuerdo entre todas, decidieron que los fondos de la asociación también se usarían para poder ofrecer microcréditos a sus miembros. El siguiente paso fue legalizarse como asociación. Lo consiguieron en el 2011 gracias a la asesoría de una vecina de confianza. Ahora, varias de ellas se dedican a la producción y comercio local de karité, manteca de cacahuete, mermeladas y conservas. Y tienen previstas otras actividades. Reiniciar la creación de Bogolán, que pararon por no poder atenderla; aumentar su capacidad de producción para poder convertirse en proveedoras de restaurantes y comercios; y, quizá, producir algún tipo de aceite.

Emprender con el cuerpo

Comentaba con este grupo de mujeres emprendedoras la solidez y el sentido común de sus acciones. Ellas, con su estar tan sólido como sus acciones, hablaban de cuánto tiempo toma todo y de lo importante de perseverar. Aunque lo intento, no llego a imaginar la dimensión que toma el tiempo cuando las posibilidades de acción están tan restringidas. Pero esta capacidad de perseverar, de esperar inteligentemente a que llegue el momento, y además comprender que es el tempo adecuado… Esto solo se consigue si estás en contacto profundo con el cuerpo y el entorno. Todos conocemos el otro lado, el ansia de nuestras fantasías.

En situaciones como la suya, escasas posibilidades de desarrollo económico que las condiciones sociales y políticas imponen a la mayoría de esta población, hay quien opta por evadirse persiguiendo sueños y hay quien opta por mirar de frente a la realidad. Ellas optan por la segunda opción. A falta de las posibilidades de conseguir un crédito para emprender, se organizan para autofinanciarse y apoyarse. Pero su objetivo principal no es generar dinero y crecer, es cubrir una necesidad: dar un soporte en un momento vital o conseguir una cierta sensación de estabilidad.

Y para decidir cómo esto se consigue se fijan en los recursos que tienen, lo que los otros necesitan y cómo esto se puede combinar en una actividad beneficiosa para todos. Diríamos que esto, generar actividad a partir de una necesidad física, económica, anímica, social, individual,… organizando los recursos disponibles, es emprender con el cuerpo.

Y de una empresa así, es casi espontáneo que surja también la iniciativa de defender valores sociales o medioambientales. Es algo natural cuando la forman personas habituadas a escuchar la necesidad propia y ajena. Ellas se definen y actúan como una asociación para el bienestar de la mujer y el cuidado del medioambiente. Todo está naturalmente tejido.

Emprender sin el cuerpo

En el extremo opuesto, tenemos muchos ejemplos en nuestra cultura, nos encontramos con organizaciones empresariales que surgen sin que nadie haya comprobado que su servicio o producto sirve a alguien. Porque en realidad, el objetivo no es el de cubrir la necesidad de nadie.

Y bajo este enfoque podemos observar que siempre hay alguien que sale perdiendo. A veces el cliente, a veces la empresa.

Pensemos en alguna bebida azucarada que se vende muy bien desde hace muchos años, por ejemplo. Está claro que nadie necesita esa bebida. Si han tenido éxito ha sido porque la empresa se ha dedicado a crear esa necesidad en la población. Parece que el objetivo era generar dinero y crecimiento y, por supuesto, no se han tenido en cuenta los efectos de crear la necesidad de estos productos en la población. A las empresas les ha ido estupendamente, a la salud de sus consumidores no tanto. Pero no se dan señales de remordimiento. Yo diría que esto solo puede suceder si uno insiste en no ver la realidad, en negar la evidencia.

Otro panorama es cuando un producto o servicio nace de un planteamiento de este tipo, pero la empresa no tiene los recursos para crear la necesidad en la población o su estrategia falla. En este caso el posible cliente se libra y es la empresa la que sale perdiendo. Por si pensamos que este tipo de emprendimientos son escasos, dejo aquí el enlace al museo dedicado al fracaso.

Me pregunto si esta tendencia a crear sin tener en cuenta las necesidades tiene que ver con las fantasías que se generan en las sociedades hiperabundantes. Con esas creencias de que no nos falta de nada, de que no nos necesitamos los unos a los otros.

Emprender con el cuerpo donde el horizonte es amplio

Pienso en la fuerza que tienen estos emprendimientos hechos con el cuerpo que existen en nuestra sociedad, que los hay.

En definitiva, una empresa creada solo con la cabeza es una empresa que no necesariamente tiene espacio en la realidad. Y si no lo tiene dedica sus esfuerzos y recursos a creárselo. Y la que se crea también con el cuerpo, es una empresa que nace y crece en un espacio de la realidad que necesita ser ocupado.

Pienso en el potencial de desarrollo que tendría una asociación como la de Saramaya Lolo en una sociedad en la que hay libertad de movimiento y acción, en la que uno puede pensar en explorar otros horizontes. Pienso en la responsabilidad que tenemos al emprender en estas sociedades donde no somos conscientes de la libertad que tenemos.

 

Tere Puig

 

Pude conocer a las mujeres de la Asociación Saramaya Lolo, que significa «estrella brillante» en djula, gracias a Alblamoving. Colaboré con ellos unos días, a través del trabajo corporal, en su labor de dar apoyo y formación a estas mujeres. Gracias a ellos, a Martine, a Ami, a Kadi, a Salimatu y a Lorencia por su acogida, personal y profesional, por las alegres y cálidas conversaciones.

 

4 Comentarios

  1. Gabriela Naranjo

    Muy estimulante el artículo, me sirvió mucho para reflexionar en un momento dificil en lo social en mi país…y en un momento de apertura emocional en lo individual. Gracias!!

    Responder
    1. nacercrecer (Publicaciones Autor)

      Gracias, Gabriela.
      Si te animas a compartir tus reflexiones serán muy bienvenidas y leídas con interés 🙂
      Un abrazo,

      Tere

      Responder
  2. Dra. Legorburu-acupuntura

    Siempre es un placer leerte. Tenemos mucho para seguir aprendiendo.

    Responder
    1. nacercrecer (Publicaciones Autor)

      ¡Gracias, Margarita! Sí, mucho… tengo la confianza de que la curiosidad nos llevará cuidar de alguna manera el conocimiento ancestral.
      Tere

      Responder

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