Tus zapatos, tus pies, tu salud

“A los seis meses una de sus principales aficiones era quitarse los calcetines. Ponerle zapatos cuando comenzó a caminar fue una de las tareas más complejas que recuerdo.”
Y es que los niños muestran una cierta actitud de admiración y reverencia hacia sus pies, se resisten con todas sus fuerzas al calzado.
¿Deberíamos tener en cuenta esa insistencia?

 

 

Los pies son una maravillosa obra de la naturaleza, sus 26 huesos articulados nos dan una idea del potencial de movimiento que tienen. Pero la mayoría de zapatos son una gran limitación para este potencial.

 

Cuando el pie se adapta al zapato

¿Qué efectos tiene esta inmovilización a la que solemos someter al pie? ¿Son solo efectos físicos?

 

Falta de contacto con el suelo

La movilidad del pie sirve para adaptarse a las superficies que pisa. Los límites que impone el zapato y la suela rígida no solo impiden esta adaptación, también limitan la percepción de las características del suelo que se pisa. Así, se crea una falsa impresión y conocimiento del terreno sobre el que caminamos. Y esta desorientación no queda solo en el ámbito físico.

La falta de percepción la supliremos con un sobreesfuerzo de otros canales de percepción, como el visual. Y el sobreesfuerzo mantenido termina siempre por derivar en un estado de estrés.

 

Propagación de la tensión y compensaciones

Otro de los efectos de la falta de adaptabilidad del pie al suelo es que genera una falta de equilibrio. Y el cuerpo, buscando continuamente la forma de mantenerse estable, usará otras zonas y musculaturas para sostenerse. Estas zonas pueden ser diferentes para cada persona en función de su estructura: las rodillas, las nalgas, los riñones, los hombros,…

En cualquier caso, el resultado será un paulatino deterioro de la musculatura y articulaciones del pie por falta de uso y un deterioro por sobrecarga de las zonas que se usan como alternativa. Y mantener una sobrecarga innecesaria es muy costoso para el organismo, nos va impregnando de una sensación de esfuerzo continuo que acaba por agotarnos.

 

Adaptando el zapato al pie

¿Qué podemos hacer para recuperar, o no perder, la natural libertad de movimiento de nuestros pies?

 

Dar un respiro a los pies es indispensable

Andar descalzo en terrenos naturales es lo ideal. La diversidad de estímulos invita al pie y al cuerpo a buscar nuevos recursos para el movimiento. Así se reactivan las zonas que no utilizamos habitualmente.

Si no estamos acostumbrados o el terreno es demasiado agresivo, podemos usar zapatos barefoot. Protegen, tienen buena adherencia con el terreno y mantienen un buen grado de libertad de movimiento y sensibilidad en el pie.

Pero si el tiempo o nuestro lugar de residencia nos lo pone difícil, siempre podemos andar descalzos en casa. Mejor sin calcetines para evitar la sensación de desequilibrio.

 

Ejercicios de toma de conciencia de la estructura de los propios pies

Donde ponemos nuestra atención va nuestra respiración, y donde va nuestra respiración van los líquidos del cuerpo con todos sus nutrientes. Poner atención en nuestros pies, con el mayor detalle posible, irá restableciendo la salud de sus tejidos.

Un ejercicio sencillo que nos ayudará a ello es el reconocimiento de la estructura ósea

 

  • Tomaremos uno de nuestros pies con máxima curiosidad, como si fuera el primer pie que tomamos en nuestra vida.
  • Empezaremos a palpar dedo a dedo desde la punta. Buscamos sentir el hueso, la parte sólida. La distinguimos de la parte blanda y nos fijamos en que el dedo continua hasta casi la mitad del empeine.
  • Palparemos también el espacio entre los huesos, descubriendo su estructura de abanico.
  • Recorreremos los cantos del pie hasta el talón.
  • Exploraremos el tobillo, la planta, el empeine y las diferentes posibilidades de movimiento de todo el pie, texturas, temperatura y tono muscular.
  • Antes de explorar el otro pie, nos pondremos en pie para sentir las diferencias entre el pie masajeado y el otro.

 

 

Si vamos andando descalzos y explorando habitualmente nuestros pies, estos empezarán a mostrar signos de malestar cuando el calzado los oprima en exceso. Es importante no hacer oídos sordos a estas sensaciones. El cuerpo nos irá indicando cuál es el calzado más adecuado para nosotros. Ya existen en el mercado hormas cómodas y al mismo tiempo estéticas.

La salud de nuestros pies tiene efecto en todo el organismo y en nuestro estado emocional. Los niños lo saben, nosotros podemos recordarlo.

 

Tere Puig

 

(*) La foto es de guiainfantil.com

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