La diferencia entre la educación que libera y la educación que esclaviza

La educación y sus propósitos

La educación ha servido y sirve a muchos fines. ¿Somos siempre conscientes de los fines a los que sirve la educación que ofrecemos a los hijos? ¿Qué parámetros barajamos los padres cuando buscamos una escuela para los hijos? ¿Que nivel de responsabilidad asumimos cuando tomamos un rol de educador en el ámbito que sea?

No atender a estas preguntas en profundidad, tomar como varemos de calidad de una escuela aspectos superficiales -en el sentido de que están en la superficie, en lo que nos muestra la escuela que tiene como propósito- nos puede llevar a mantener a los hijos en ámbitos que no son los que realmente desearíamos. No tener presente el impacto que genera en el otro el simple contacto e intercambio habitual, nos puede llevar a ejercer influencias que desearíamos evitar.

Buscar el ambiente educativo adecuado para el desarrollo de los hijos implica conocer en profundidad a las personas que llevan a cabo la tarea educativa y el entorno social y cultural en el que sucede.

 

La simplicidad es bella; la simplificación es peligrosa.

 

Obtener una educación es un proceso simple, pero no simplista: vamos a una escuela, escuchamos, leemos, discutimos, nos relacionamos, escribimos, pensamos, hablamos, conversamos, debatimos problemas difíciles -y lo hacemos tanto tiempo como sea necesario para que nuestro cerebro se entrene. Adoctrinarse en un culto destructivo sigue el mismo proceso: uno se rodea de las ideas y las personas el tiempo suficiente para que el cerebro se modifique.

 

La diferencia entre la educación que libera y la educación que esclaviza radica en las ideas, las personas, los valores y los retos que nos son ofrecidos por el medio ambiente al que nos incorporamos para recibir dicha educación.

 

Del libro Roto de G. Paris

 

Funciones parentales en la educación

Siempre he considerado una función esencial de los padres la selección de los entornos -físicos y sociales- que ofrecemos a los hijos. Así como el desarrollo de una conciencia sobre los propios procesos: si no estamos capacitados para transmitir un determinado valor o conocimiento que consideramos importante, es necesario saberlo para poder poner al niño en contacto con quien sí puede hacerlo. A veces, menospreciamos la enorme capacidad de aprendizaje de los niños: aprenden todo el tiempo, tanto si queremos como si no.

 

Tere Puig

 

  • Imagen de Robert Doisneau

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