La sabiduría se aprende

Este valioso texto de Ginette Paris es una excelente reflexión sobre nuestra relación con el niño interior. ¿En que medida el puesto que le otorguemos nos acerca o nos aleja de nuestra necesidad de entrar en la búsqueda de la sabiduría.

 

Las pruebas, o el encuentro con la muerte, a veces  tienen esto de bueno, que nos fuerzan a ir directamente al centro de nuestro ser para descubrir nuestra propia inteligencia psicológica. Y ahí, descubrimos una verdad muy simple:

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No una sabiduría totalmente desarrollada, la semilla de sabiduría.

antigua-brujulaLa psicología de las profundidades, desde Freud y Jung, se concibe como una orientación, una atracción hacia un dirección. De la misma forma que el grano germina siempre dirigiéndose hacia la luz, la brújula sabiduría está en cada uno de nosotros, apuntando en una dirección: la que nos lleva a querer amar y trabajar (que es probablemente la más precisa definición de la salud mental que jamás se ha formulado, es de Freud), es decir a convertirnos en una gran persona. La sabiduría es ante todo un objetivo más que una suerte, un ideal más que un estado, y existen formas de desearla igual que deseamos conocer el amor.

Todos los individuos, de todas las razas y culturas, hombre y mujeres, se enfrentan al desafío de la supervivencia (el trabajo) y al desafío de las relaciones (el amor bajo todas sus formas). Entonces, para salir del narcisismo propio de la infancia y orientarse en el buen sentido, el primer paso consiste en no dirigirse hacia el niño interior, como sugieren algunas psicologías populares, sino alejarse de él. Podemos comprender lo que ha empujado a toda una generación de terapeutas a adoptar el modelo del niño en desarrollo como modelo de evolución de la personalidad.

La expresión “crecimiento personal” revela una época en la que la medida o la idea de crecimiento (únicamente los niños crecen) ha remplazado lo que en otro tiempo hubiéramos llamado “búsqueda de sabiduría”. Los enfoques basados sobre el monomito del niño interior, hoy en día, monopolizan la conciencia de muchos individuos. Las heridas, las necesidades, la vulnerabilidad del niño han recibido un tipo de atención que hace de este arquetipo una divinidad tiránica. Este Dios-Niño es la réplica exacta de un monoteísmo represivo, únicamente hemos remplazado a Dios Padre por un Dios Niño, igual de único, celoso y tiránico.

Evidentemente, no se trata de negar que el niño necesita de nuestra atención, ya que este arquetipo no representa únicamente una vulnerabilidad fundamental, de la que es preciso tomar conciencia, también representa el principio de gozo, de juego, de espontaneidad y de renovación. Todas las escuelas de sabiduría y de disciplinas espirituales coinciden en que es absolutamente necesario atender a este niño interior lleno de necesidades, ya que para que deje de gimotear y manipular, es parecido desarrollar una actitud de compasión que le permita evolucionar. Pero hacer de él el centro de la conciencia psicológica le conduce directamente al estado de víctima, ya que el niño interior se convierte en un tirano, para el mismo y para los demás. Una regla infalible para evaluar su evolución es exigirle que siga la brújula de la sabiduría. Si el niño interior rechaza entrar en el mundo para formar parte de él ¡esa es la señal que nos indica que es tiempo de destetarle!

G. Paris del libro La sagesse des larmes

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