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Cómo nos ayuda el yoga en el aula

El yoga nos lleva hacia la serenidad y la atención. Y, sobretodo, hacia la descubierta de uno mismo y los otros.

 

Nadie sabía que hacer con Álex. No era capaz de estar quieto más de dos minutos, apenas dejaba espacio entre palabras cuando hablaba.
Llegó a la clase extraescolar de yoga. Y allí tampoco fue distinto; hasta que propuse que fuéramos piedras. Álex, en el suelo y replegado sobre sus rodillas pasó por alto las propuestas que siguieron. No quiso ser árbol, ni pájaro, ni flor. Durante veinte minutos reposó tranquilo. Esta escena se repitió durante todo el curso. Después dibujaba, se unía a las nuevas propuestas, o se ensimismaba. En la presentación a los padres de final de curso quiso ser piedra. Se me acercó discretamente para pedirme que le avisara si veia que se había quedado dormido.
Las necesidades profundas que no estan cubiertas nos generan una falta de sosiego interno que nos impide conectar con el placer de vivir, de conocer, de aprender e, incluso, de enseñar. Las posturas y movimientos nos trasladan a estados internos desde los que podemos cubrir estas necesidades. Y el hábito de la reflexión sobre lo vivido- ese ensimismamiento espontáneo en el que entraba Álex, que llamamos meditación-, nos permite repensar y reestructurar vivencias que nos llevan a conocernos y madurar.
El yoga puede ser practicado de muchas formas y en función de cómo se haga encontraremos unos u otros resultados.
Con una aplicación sistemática de posturas y movimientos concretos podemos generar estados determinados y, mayoritariamente, perecederos. Este enfoque nos resultará útil si buscamos mantener el control durante el tiempo que dure una determinada actividad o clase.
Sin embargo, si nuestro objetivo es acompañar el despliegue del potencial de los alumnos – y, con él, su capacidad y ganas de aprendizaje, su curiosidad, su interés, su creatividad, su espíritu de investigación, cooperación y superación, por ejemplo- necesitamos un enfoque distinto en la práctica que propongamos. Para que el yoga ayude a que todas estas cualidades emerjan en cada niño y se genere un cambio profundo y duradero, es necesario que la forma de enseñarlo y practicarlo esté basada en el desarrollo de la capacidad perceptiva. Es lo que podemos llamar un yoga sentido.
Lo que nos aporta la práctica y la enseñanza de un yoga sentido
La idea de que se piensa con la cabeza y se siente con el cuerpo ya ha sido superada, la realidad es mucho más compleja y apasionante. Una práctica corporal basada en la percepción nos ayudará a volver a dar voz al cuerpo, ampliando profundamente nuestra mirada, y devolverá al cuerpo y la mente su natural relación de cooperación.
A Álex le ofrecimos:
* la posibilidad de acceder a una postura que él no adoptaba habitualmente;
* el tiempo suficiente para percibir los efectos que le producía;
* el espacio de ensimismamiento para que sacara sus propias conclusiones;
* y la oportunidad de diálogo para que pudiera afinar la comprensión de su experiencia.
Y este tipo de experiencia, que está lejos de una práctica física espectacular que necesite espacios acondicionados, se puede convertir fácilmente en un hábito en el aula. Porque aquí la postura es un medio, no un fin. Aquí el fin es la capacidad de percepción, de observación, de comprensión y de relación.
Lo que necesitamos para practicar y enseñar el yoga enfocado en el cultivo de la percepción

 

El conocimiento es solo un susurro hasta que no está en la carne.
Proverbio africano
Más que un puro conocimiento, necesitamos un conocimiento arraigado en una experiencia significativa.
Y este trenzar la experiencia con la reflexión, el movimiento con la emoción y el pensamiento, es un hábito que se construye. Requiere abordar distintos aspectos:
* la vivencia corporal de la postura y el movimiento;
* la observación de sus efectos físicos, anímicos y mentales;
* el conocimiento de los diferentes cuerpos teóricos que enmarcan la práctica;
* y, finalmente, la práctica del discernimiento, de la contrastación entre la práctica y la teoría, de la reflexión crítica.
Aprender a dar espacio a todas estas etapas en la propia práctica y en la enseñanza de yoga a los niños es el objetivo de nuestras formaciones.

Profesores, educadores, madres, padres podemos, a través del aprendizaje y la enseñanza del yoga sentido, acompañar a nuestros niños y jóvenes en este desplegar de su potencial. Y esto lo disfrutaremos dentro y fuera del aula. Sin duda los hará capaces de estar atentos y serenos pero, sobretodo, les dará la capacidad de vivir en armonía sus emociones, impulsos, anhelos, dones, limitaciones y, también, con los de los demás.

Tere Puig – Directora de programas de yoga para el embarazo y la crianza

Joan Almirall – Director de la formación oficial de yoga

Artículo publicado en la revista Aula

El 4 de noviembre del 2017 inicia en Barcelona el próximo Ciclo de seminarios de Profundización

dirigido a profesionales, madres y padres  +info

Y el 9 de octubre del 2017, la Formación Oficial de Yoga con certificado de Profesionalidad + info

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