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Que los niños solo pueden mantener la atención durante poco tiempo es un mito

No puedo aguantarme. Lo tengo que contar. Ya hace muchos miércoles que tengo que ir a la clase de yoga para niños que imparte Jorgelina Pappalardo, en Happy Yoga Central, para hacerle señas y que termine la sesión.

 

No voy a la hora en que justo termina la sesión, no. Antes he dado largas a madres y abuelas que acuden puntualmente a buscar a los niños. ¡Y es que los niños nunca quieren terminar la clase! Así que proponemos una sesión de 45 minutos, por respeto a los mitos. Y acaba siendo de 60 minutos, gracias a nuestra determinación por terminar en algún momento, antes de que madres y abuelas desesperen.

¿Y que me cuenta Jorgelina cuando acaba la clase? Que los niños llegan con propuestas. Que le piden trabajar más algunos ejercicios que no les salen muy bien, pero que creen que ya van mejorando. Que… están entusiasmados, y ella también, y yo, y la escuela, todos lo estamos.

Me llena de satisfacción escribir esto. Me da un gusto tremendo descubrir, semana sí y semana también, que nuestros niños no tienen límites en su capacidad de atención, que su curiosidad sigue tremendamente viva, que su capacidad por entusiasmarse es bárbara. Solo puedo agradecer que haya quien sea capaz de dar espacio a todo esto, de acogerlo, mimarlo y permitir que siga floreciendo. Esto solo podemos hacerlo desde dentro. Desde ese lugar que es capaz de comprender las necesidades más profundas del otro, más allá de los mitos. Desde la tranquilidad que permite ser lo que es y no lo que debería ser.

Nos comprometemos, y me atrevo a escribir en nombre de NacerCrecer y también de Happy Yoga porque sé que es un anhelo compartido y una realidad que contemplamos, a que estos espacios sigan existiendo y creciendo.

 

Tere Puig

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