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Preparación al parto: el papel de la dimensión visceral

Es habitual que se asocien la prácticas de preparación al parto con una serie de ejercicios que fortalezcan o den flexibilidad a determinada musculatura, al entrenamiento para realizar algunas posturas o respiraciones y a un entrenamiento mental para vivir la experiencia.

¿Por qué desde NacerCrecer apostamos por aportar una práctica sustentada por el trabajo visceral? ¿Por qué el trabajo corporal sustentado por el movimiento libre de esfuerzo, el movimiento de cualidad agua, puede ser útil en el trabajo de parto?

Sin una conciencia de la presencia y potencial de nuestros órganos, no conseguimos involucrarlos en el movimiento corporal. Esto significa que toda la potencia que necesitamos para movernos la dejamos en manos de las partes de nuestros cuerpo de las que habitualmente tenemos conciencia: los músculos superficiales. Y esto ¿qué implica?

Que la musculatura superficial del cuerpo esté asumiendo un trabajo que no es suyo implica su desgaste prematuro y agotamiento crónico. Desde nuestra óptica convencional, si nuestra musculatura no responde con la eficacia que necesitamos la hacemos trabajar más. Pensamos que así la hacemos fuerte. Igual que sí estamos cansados, a menudo tomamos café y perpetuamos la sensación de poder con todo. ¿Y si cuándo estuviéramos cansados, descansáramos?

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¿Y si cuando nuestra musculatura da signos de agotamiento, la dejáramos reposar?

Si la dejamos descansar, probablemente recuperará toda su potencia y funcionalidad. A. Huang y J. Linch nos lo cuentan en su artículo “Los accidentes nos mejoran”.

Es algo que nos cuesta poner en práctica. Esta actitud está asociada a nuestra necesidad por encajar en unos conceptos de eficacia que nunca han tenido presente el punto de vista del cuerpo. Pasamos por alto la necesidad profunda y el daño que sufre el organismo. La mayoría de decisiones la tomamos solo en base a lo que pensamos sobre un u otro tema.

Cuando la mujer entra en contacto con el útero, con los pulmones, con los riñones o con cualquiera de sus vísceras; está también entrando en contacto con su musculatura profunda. Se produce un despertar corporal; una puesta en funcionamiento de zonas y funciones que habían estado inactivas durante años.

¿Y cómo entramos en contacto con nuestros órganos?

Es una cuestión de entrenamiento de la percepción y para iniciarlo debemos tener en cuenta la naturaleza visceral. Las vísceras son los tejidos que mayor porcentaje de agua contienen, se comportan como ella. Cuando tomamos conciencia de cómo se produce el movimiento de los líquidos del cuerpo, del peso corporal, estamos tomando conciencia de las órganos. Esta será nuestra vía de entrada hacia el interior de nuestro cuerpo.

¿Y cuál es el efecto de esto?

El resultado es que se produce una mayor participación de los órganos, de la musculatura profunda y las fascias en el movimiento. Aprovechamos la fuerza y la inercia de los líquidos que forman las visceras. Usamos la potencia y capacidad de movimiento de la musculatura profunda y las fascias que, gracias al movimiento consciente, estarán mejor nutridas e hidratadas. Y todo ello genera un descanso en la musculatura superficial, que se recupera del sobresfuerzo realizado anteriormente y vuelve a funcionar con toda su capacidad. Cuando vuelva a estar nutrida e hidratada podremos ejercitarla para mejorar sus capacidades sin miedo a dañarla.

Por otro lado, cuando los tejidos están sanos mantienen la capacidad de cambiar de estado. Se relajan o se contraen según el organismo necesite. El trabajo visceral y el movimiento de cualidad agua aporta la hidratación y nutrición necesaria a los tejidos. De este modo, en estado de salud, podrán responder de forma natural a lo que exige el momento del parto: una excelente flexibilidad y capacidad de apertura, junto con una gran potencia y capacidad de contracción y recuperación.

La preparación al parto, necesita tener presente el punto de vista del cuerpo. Y esto, a menudo, choca con las creencias habituales. Por ello, a muchas mujeres les cuesta creer que necesitan de movimientos lentos y conscientes para acceder a la fortaleza y forma física que necesitan para parir.

Tere Puig

tere@nacercrecer.com

 

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