info@nacercrecer.com +34 640 519 867

La desaparición de la intimidad

La intimidad es aquello que preservamos de la mirada pública. Lo que vivimos en soledad o con otros con los que llegamos a sentirnos uno.

En la esfera pública, habitualmente el otro te pregunta, pide que te definas, que te expliques. Quiere comprenderte y conocerte desde fuera. Porque la palabra, usada para darse a conocer, limita al ser mostrando solo una parte de su realidad. En la esfera íntima compartida hay mayor silencio, se busca conocer al otro desde dentro, ser junto al otro. La información brota y se recibe desde otro lugar, desde ese lugar no hay espacio para la no comprensión, solo se acepta y se abraza. En la intimidad nos atrevemos a ser. Con suerte, y perseverancia, este entrenamiento de ser en la intimidad nos permitirá conocernos y ser también fuera de ella.

El nacimiento, la muerte y el sexo son según mi opinión los momentos de intimidad por excelencia en nuestra cultura. O lo eran. Parece que la sociedad nos empuja -nos empujamos, porque la sociedad somos todos- a abandonar nuestros espacios de intimidad o, quizá, a mover la intimidad hacia otros espacios.

 

intimidadLa intimidad y la muerte

Tengo la profunda sensación de que la muerte es una decisión íntima que solo cada uno, y aquellos que son uno contigo, pueden comprender. Y, de repente, la sociedad no quiere que mueras, lo ve como un fracaso e interviene. A veces consigue mantenerte con vida, a pesar de todos tus esfuerzos seguirás vivo. Ya no podrás decirte en silencio y decirle a los tuyos, con serenidad, agradecimiento y satisfacción: “Ya lo he hecho todo, ya me voy”. Porque ahora tu vida no solo depende de ti, también los desconocidos tienen algo que decir. Incluso deberás pedirles permiso para morir. Ahora nos empujamos a decir públicamente que queremos morir: “desconéctame”, “inyéctame”. En estas circunstancias, en estos trámites -porque necesitas firmar documentos, hablar con abogados y médicos- ¿dónde queda el calor de la intimidad? ¿dónde queda el espacio para la profundidad y la trascendencia?

La intimidad y el nacimiento

Nacimientos intervenidos, no solo desde el punto de vista médico, también desde el social. Las cámaras están en los nacimientos, también amigos, parientes y diferentes figuras que acompañan y asisten. No digo que no deba ser así. Digo que, en muchas ocasiones, deja de ser íntimo y me pregunto por qué lo queremos así. Michel Odent ha escrito mucho sobre los efectos de esta falta de intimidad en los nacimientos. Conocemos o, al menos, intuimos lo que puede provocar, pero parece que como sociedad seguimos avanzando en esta dirección.

La intimidad y el sexo

Perder la intimidad en el ámbito sexual es hacer muy pequeña la oportunidad de involucrarnos emocionalmente, es dejar un espacio casi inexistente al alma en la relación con el otro. No sé si las nuevas generaciones tienen la capacidad de continuar involucrándose por completo en una relación a pesar de que todo lo que ocurre entre dos personas es susceptible de ser posteado, twitteado o whatsappeado. Creo que los adultos, a los que las redes sociales nos han pillado a media vida, estamos medio desorientados.

 

La intimidad nos da la oportunidad de sentirnos vulnerables, y en esa vulnerabilidad acceder a los rincones de nosotros que no solemos visitar. En la intimidad nuestro ego se disuelve con mayor facilidad y nos entregamos y reconocemos por entero. ¿Por qué cada vez hay más gente buscando conocerse a sí misma y nuestros hábitos y costumbres están tomando con tanta fuerza el sentido contrario? ¿O quizá no vamos en sentido contrario y estamos buscando otros espacios donde existir íntimamente?

 

Tere Puig

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *