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¿Es mejor la autonomía que la dependencia?

Si un músculo está siempre contraído o siempre distendido no puede cumplir su función.
Un tejido sano es un tejido capaz de cambiar de estado.
J. Tolja

Las etapas del desarrollo humano nos llevan a experimentar diferentes cualidades físicas y psicológicas, ninguna mejor o peor que las otras, todas recursos que tenemos a nuestra disposición. El problema no está en si es mejor la autonomía que la dependencia, si no en la capacidad que tenemos de cambiar de un estado a otro, ya que diferentes momentos de vida nos pedirán diferentes formas de ser y estar en ella. Desarrollar esta capacidad de cambiar de una cualidad a otra puede resultarnos complicado en nuestro día a día, cultivarla a través de las experiencias corporales se presenta como una vía muy válida y asequible.

Cuando usas sujetador tu cuerpo, poco a poco, va dejando de ocuparse de sostener tus pechos. Por ello, después de años de usarlos, las mujeres no podemos correr sin ellos y sin sentir que nuestros pechos van a desprenderse de nosotras. Sin embargo, cuando dejamos de usar el sostén por un tiempo, también poco a poco, el cuerpo vuelve a comprender que necesita volver a sostener los pechos por si solo. Y así sucede. No quiero decir que vuelvan a tener la turgencia de los quince años; me refiero a que puedes volver a caminar, correr, cocinar, amar, saltar o dormir con todo el cuerpo, sin sentir que hay una parte de ti que no sabes donde poner o que te boicotea porque parece tener un propósito distinto del que tienes tú.

 

¿es mejor la autonomía que la dependencia?Esto suele pasarnos con todo en la vida: cuando dejamos que otros sostengan alguna parte de nuestra existencia -cedemos nuestra responsabilidad a otros- poco a poco, perdemos funcionalidad y cacpacidad en este ámbito del cual no nos ocupamos más; cuando nos hacemos cómplices de otros aceptando sostener una parte de su vida que podrían sostener por si mismos, estamos impidiendo que desarrollen o mantengan su capacidad para disfrutar y gestionar ese aspecto de su vida.

Naturalmente, colaborar con otros, aceptar su ayuda, ceder nuestra responsabilidad en unos ámbitos para poder explorar a fondo otros, es absolutamente necesario, y considero que muy saludable, para poder descubrir la vida a fondo y mantener una sensación de equilibrio. Pero no ser conscientes de cómo funciona este proceso -olvidar que tenemos la capacidad de volver a tomar las riendas de ese aspecto de la vida que por un tiempo hemos dejado de atender y que hacerlo nos puede tomar un tiempo- puede dejarnos en un estado de impotencia o eterna dependencia que terminará por arruinar todo lo bueno que esa etapa en la que hemos logrado dejarnos sostener nos haya aportado.

 

Ser padres o profesores sin ser capaces de vivir con gusto este ir y venir entre la dependencia y la autonomía de los hijos o los alumnos, puede generar una gran angustia y confusión tanto en nosotros como en ellos. Descubrir hasta que punto es necesario sostener al otro en un ámbito para que pueda explorar a fondo uno distinto y cuando dejar este sostén -por ejemplo, hasta cuando mantener a los hijos económicamente para que puedan disfrutar a fondo de su desarrollo intelectual a través de los estudios- o hasta cuando permitir que nos sotengan y cuando emprender el vuelo -por ejemplo, hasta cuando permanecer en casa de los padres-, es un ejercicio árduo y cansado cuando no sabemos que lo estamos haciendo. Pero estos procesos se convierten en algo emocionante y lleno de sentido cuando somos conscientes del impacto que pueden tener en nuestras vidas y en las de los otros, independientemente de las decisiones concretas que tomemos.

 

Como siempre, aprender y entrenarse con lo concreto, lo tangible y lo abarcable me parece la vía más efectiva para hacer un avance en cualquier ámbito de la vida. De modo que, nada mejor que jugar con el dejarse sostener y sostenerse por si solo a nivel físico -por ejemplo, en una sesión de yoga, anatomía experiencial, danza,… O simplemente experimentar las diferencias entre llevar o no llevar la ropa interior que nos sujeta– para que el placer que esto genera haga surgir la necesidad de extrapolar y ensayar esta misma actitud en situaciones más amplias y complejas, como la vida social, profesional, familiar o de pareja.

 

Tere Puig

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