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No esperes a salir de clase para recuperar la serenidad

recursos para el profesorLa serenidad en la educación podría ser la clave para una evolución positiva, tanto del que aprende como del que enseña.

La respiración y el movimiento son dos excelentes herramientas para acceder a los estados emocionales que deseamos -desde la calma hasta la concentración o la sensación de vitalidad- y podemos echar mano de ellas en cualquier momento y en cualquier lugar, también en el aula.

Anna, profesora de secundaria, asistía a mis clases de yoga y después de tres o cuatro sesiones me comentó cuánto le ayudaba el yoga estando en el aula. Le pregunté qué era exactamente lo que hacía allí y me contó: “Al borrar la pizarra inspiro cuando subo el brazo y espiro cuando lo bajo, y, aunque te parezca increíble, esos segundos son suficientes para sentirme tranquila y con energía”. Dio en el clavo: llevó a lo cotidiano la atención sobre la respiración y su sincronización con el movimiento. Hoy ya sabe con certeza que la conciencia sobre el movimiento y la respiración llevan directamente a la calma, la atención y la sensación de vitalidad.

Al entrar en clase…

Observa tu ritmo respiratorio sin intentar modificarlo y fíjate en pequeños detalles: ¿es igual antes de entrar en el aula que una vez dentro?, ¿es rápido o lento? Si te parece que la respiración se corta en algún lugar, no te angusties, respeta su ritmo y amplitud; así, la musculatura no se siente exigida, se va relajando y poco a poco la respiración se amplía.

Durante dos días…

Al borrar la pizarra, hazlo al ritmo de tu respiración: con la inspiración haces el movimiento de subida del brazo y con la espiración, el de bajada.

Durante la semana que sigue…

Mientras haces el ejercicio anterior, presta atención a lo que sucede detrás de ti. Comprueba que eres capaz de escuchar tu respiración, sentir tu movimiento y también escuchar y notar a los alumnos y las alumnas, aunque no los estés mirando. No te preocupes por si hay demasiado ruido o demasiado silencio, céntrate en percibir lo que ocurre y observa cómo te sientes al darte la vuelta y continuar con la clase.

Durante los días siguientes…

Ahora ya te has habituado a escuchar tu respiración, a sincronizarla con tu movimiento y a escuchar a tu entorno mientras te escuchas a ti. Es una interesante experiencia escuchar a otra persona al mismo tiempo que escuchas tu ritmo respiratorio y con la práctica de los días anteriores te resultará sencillo. ¿Cómo te sientes al hacerlo? ¿Percibes algún cambio en tu relación con los alumnos?

Mi experiencia es que, de la calma, la atención y la sensación de vitalidad, pasamos con facilidad a un aumento de la calidad en la comunicación.

 

Tere Puig de la Revista Aula de Innovación Educativa, n. 205
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