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Paisajes sonoros en el vientre materno

Alejarnos por unos momentos de la realidad que estamos acostumbrados a mirar, es decir, de lo que existe de piel hacia fuera, nos permite reflexionar con una perspectiva más amplia y una mayor capacidad de comprensión.

Este texto nos ayuda a mirar el mundo intrauterino como el espacio de transito hacia el mundo exterior. Un espacio en el que nos preparamos, en el sentido más amplio, para vivir en las condiciones que nos vamos a encontrar.

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Un oído adulto no lograría sobrevivir mucho tiempo en el entorno sonoro intrauterino

 

Vamos a imaginarlo por algunos momentos… Durante la digestión, el feto está en el palco de honor. Percibe los borborigmos del intestino y del estómago en una especie de tormenta permanente. La respiración provoca una incesante resaca, comparable al flujo y reflujo del mar en un día de fuerte oleaje. Encima de él resuena el tic-tac cardíaco. También están todos los ruidos provocados por los movimientos de la madre: movimientos de su cuerpo y movimientos del roce sobre el útero. Los ruidos exteriores, en cambio, llegan fuertemente atenuados debido al espesor de la pared intrauterina.

 

Afortunadamente, todas esas frecuencias son de idéntica naturaleza y se componen de sonidos graves. El pequeño ser que se está formando (igual que el cachorro de un animal) se ha adaptado a la agresividad de ese ambiente sonoro cortando la recepción de las bajas frecuencias. El cerebro se protege.

 

A. Tomatis, del libro 9 meses en el paraiso

 

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