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Papá está trabajando

“Ir a trabajar” es un concepto abstracto para un niño. Pretendemos que dando esta explicación ellos aguarden tranquilamente a nuestra llegada. ¿Qué ocurre cuándo el niño no puede hacer un vínculo entre la información que recibe y la realidad?

 

Hacia mediados de este siglo, un cambio importante tuvo lugar en Europa y en los Estados Unidos: el padre trabajaba, pero el hijo no le veía trabajar.

 

padre-hijo-trabajandoDurante miles de años padres e hijos habían trabajado y vivido juntos. Desde las sociedades dedicadas a la caza, que aparentemente duraron miles de años —quizá cientos de miles—, hasta las sociedades agrícolas y artesanales, pasando por las sociedades dedicadas tanto a la caza como a la recolección.  Hasta el 1900, cerca del 90 por ciento de padres de familia de los Estados Unidos estaban vinculados a la agricultura. En todas estas sociedades, normalmente el hijo veía trabajar a su padre a todas horas del día y en todas las temporadas del año.

padre-va-trabajar¿Qué ocurre cuando el hijo deja de verlo?

Alexander Mitscherlich trabajó durante treinta años con jóvenes alemanes, tan huérfanos en su sociedad industrial como los jóvenes americanos de hoy. Tras esta experiencia desarrolló una metáfora: en la psique del hijo se abre un agujero. Se preguntó  qué sucede cuando el hijo no ve el lugar de trabajo del padre, o lo que éste produce. ¿Imagina que su padre es un héroe, un defensor del bien, un santo o un caballero blanco? La respuesta de Mitscherlich es triste: el lugar vacío es ocupado por demonios, los demonios de la sospecha.

 

Los demonios, invisibles pero locuaces, fomentan el que se sospeche de todo hombre mayor. Dicha sospecha produce la ruptura de la comunidad de hombres jóvenes y hombres mayores. En los años sesenta, esta desconfianza se intensificó: «No te fíes de nadie mayor de treinta años.» También es plausible que a medida que crezca la ocupación laboral de las mujeres fuera de casa, semejantes emociones se desarrollen en la psique de las hijas, y que éstas empiecen a sospechar de las mujeres mayores. Pero eso está por verse.

 

R. Bly, del libro Iron John

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