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Lo que ocurre dentro ocurre fuera, también en la comunicación

Practicando yoga, o cualquier otra técnica corporal que invite a la atención sobre el movimiento que se realiza, uno se da cuenta con facilidad que el movimiento se  transmite a lo largo del cuerpo de forma natural.

Cuando mueves tus pies puedes sentir como a veces el movimiento llega hasta las rodillas, otras veces hasta las ingles, incluso puedes sentir como se propaga hasta la cabeza. Igual que moviendo la cabeza puedes  percibir el movimiento deslizándose hacia abajo. Pero ¿por qué a veces el movimiento llega hasta el otro extremo del cuerpo y a veces queda detenido a mitad de camino? Siempre que haya una zona con una contracción o laxitud excesiva o que no la tengamos reconocida como parte de nosotros, dejará de actuar como elemento transmisor. Por ello es muy habitual que el movimiento deje de propagarse en algún punto.

Si estamos de acuerdo en que pasa en el cuerpo lo mismo que en la mente y lo mismo que en nuestro entorno familiar y social, puesto que  todo son expresiones de nuestra realidad, esta experiencia física nos ayuda a comprender lo que ocurre en la transmisión de movimiento dentro de la familia o cualquier grupo humano, que no deja de ser y comportarse como un cuerpo.

Igual que en el cuerpo, el movimiento de uno de los miembros de un grupo humano se transmite de forma natural hacia los demás miembros del grupo. Pero si alguno de los miembros está excesivamente contraído – bajo presión, con miedo, en estado de estrés,… -, o laxo -con sensación de desatención o falto de motivación- o simplemente no es reconocido dentro del grupo, es muy probable que al llegar el movimiento a él la transmisión quede interrumpida.  A la transmisión de movimiento dentro de un grupo humano le llamamos comunicación y podemos encontrarnos con situaciones en las que, por ejemplo, un padre expresa un sentimiento que nunca llega a ser percibido por el hijo, o un hijo que inicia un cambio de actitud mientras el padre sigue pensando que todo sigue igual, o …

Si a nivel corporal tenemos la experiencia de sentir la interrupción en la transmisión del movimiento, sabemos que no por mucho que aumentemos la intensidad o la amplitud del mismo éste se transmitirá mejor. Al contrario, la experiencia nos dice que para disolverla será preciso atender con mayor conciencia la zona en la que se produce la interrupción y tomarnos tiempo para ir soltando la tensión que percibimos en ella.

Si seguimos con el paralelismo entre cuerpo y grupo humano, podemos pensar que al detectar en el grupo la zona en la que se produce la interrupción del movimiento no va a servir de mucho hablar más alto (aumentar la intensidad del movimiento) o repetir lo mismo muchas veces (dar mayor amplitud al movimiento).  Al contrario, lo  que nos ayudará a restablecer la comunicación será prestar una mayor atención a la zona en que la comunicación se interrumpe y darle espacio y tiempo para que pueda encontrar el justo relax que necesita para recibir y transmitir la información que le llega y así volvería a integrarse en el funcionamiento del grupo.

Tere Puig

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