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Del qué y el cómo en la enseñanza del yoga en familia

 

Si como profesor estoy convencido de que las cualidades están ya presentes en el alumno, lo único que tengo que hacer es impedirle que limite sus capacidades. Jader Tolja

 

abrilLo que lleva a un individuo, niño o adulto, a disfrutar de un estado de calma es sentir que sus necesidades están cubiertas. La práctica del yoga en familia favorece, por encima de todo, la recuperación del lenguaje corporal a través del cual cada individuo expresa sus necesidades más profundas que al ser escuchadas corporalmente por los demás se cubren de forma espontánea, efectiva y libre de esfuerzo. Cuando hablamos de yoga en familia, nos referimos a la práctica de yoga conjunta entre niños y adultos, independientemente de si el vínculo entre ellos es de tipo familiar o no. Por tanto, lo que aquí expongo es válido también para la escuela, o cualquier otra estructura destinada al acompañamiento del desarrollo del niño.

¿Qué necesita un niño, un ser humano para desarrollar su potencial?

Necesita sentirse seguro, saber que puede expresarse – ideas, sentimientos, sensaciones, necesidades – sin ser juzgado, saber que puede mostrar su vulnerabilidad sin por ello estar en peligro, saber que el entorno siente interés por él, por descubrir sus capacidades, sentir el respeto del grupo por su proceso, sus tiempos, sus ritmos. Esto requiere, por un lado, adultos capaces de crear estas condiciones y, por otro lado, que se le transmita al niño la existencia de estas condiciones por la vía de comunicación que él comprende y usa de forma más ágil: el lenguaje corporal. El niño no comprende a un adulto diciendo “puedes confiar en mi”, lo que el niño capta es la expresión corporal del adulto que expresa si realmente esta en una posición de respeto hacia al niño o no.

¿Qué podemos hacer los adultos para favorecer estas condiciones?

Es muy posible que necesitemos un trabajo personal para permitir que el niño despliegue todo su potencial sin sentir que esto nos pone en peligro, sucede a menudo que nuestra sensación de poder se tambalea al abrir espacio a las capacidades del niño ¿y si resulta que es capaz de resolver conflictos mejor que yo? ¿y si resulta que tiene razón cuando dice que está incomodo en la silla y que es mejor sentarse en el suelo?

El yoga practicado desde la atención y el respeto nos lleva al incremento de confianza que necesitamos para acompañar a otros en su crecimiento y libera al cuerpo de forma que le permitimos expresar esta seguridad que el niño percibirá provocando en él un sentimiento de confianza: “me estoy relacionado con un adulto seguro que habla el mismo lenguaje que yo: el del cuerpo, por tanto puedo hablarle con la certeza de que me puede comprender”.

¿Y que ocurre si esto solo se hace en la escuela y en la familia no se practica o a la inversa?

Nada y todo. Es imposible que algo que el niño integre, no solo aprenda, lo excluya de alguno de los ámbitos de su vida. Por poner un ejemplo, si ha aprendido a estar callado cuando la profesora habla es posible que en casa haga caso omiso de este aprendizaje e interrumpa constantemente las conversaciones de otras personas. Si, por el contrario, ha integrado que el silencio es parte activa de la comunicación, será capaz de mantener un ritmo de diálogo en cualquier lugar. Y cuando alguien tiene algo integrado, contagia este conocimiento o actitud a su entorno sin necesidad de palabras, de nuevo el lenguaje del cuerpo.

¿Cuánto tiempo es necesario para que una persona nerviosa entre en un lugar de calma y el resto de gente presente comience a agitarse? O a la inversa ¿cuánto tarda una personalidad serena en influir sobre el ánimo alterado de un grupo? Como todo en la vida, estos procesos de integración y más tarde de contagio requieren tiempo, pero no hay duda de que funcionan.

Algo sobre metodología

Introducir la práctica del yoga en familia durante los primeros años de vida tiene por finalidad crear una sólida base de trabajo corporal, por tanto un hábito de observación, escucha y autoconocimiento.

Podríamos decir que nuestra atención no estará puesta en la técnica, estará puesta en el arte. El arte de contemplar, de sentir, de darnos tiempo, de explorar y explorarnos, de cuestionarnos, de respetarnos y amarnos tal como somos.

Los ritos delimitan el espacio, la estructura dentro de la cual suceden cosas, las dinámicas corporales invitan a la exploración de uno mismo y uno mismo en relación con el entorno y los demás, y la relajación da tiempo y espacio a que lo descubierto se integre. Esta estructura es coherente con el proceso de aprendizaje que se compone de una fase activa donde se recibe información y otra fase pasiva donde se integra la información recibida y cuando todo esto sucede dentro de un marco de confianza y seguridad, la estructura, hay probabilidades muy altas de que haya una buena integración de lo aprendido. Es conveniente que la estructura no sea un elemento rígido. No olvidemos que la hemos creado previamente a que se de la situación real, cuando todo lo que uno ha imaginado que sucederá al interactuar con los niños y otros adultos toma forma, es muy probable que tengamos que modificar la estructura diseñada – más amplia, más estrecha, más flexible o más rígida – en función de cuan cerca o lejos hemos estado en nuestras previsiones sobre las reacciones de los participantes.

¿Qué es lo importante según mi experiencia? Que la intención se mantenga. Podemos decir que la intención es la esencia, lo invariable, los recursos y la estructura son las formas que apoyan y permiten que se manifieste lo esencial.

A tener en cuenta

La sencillez libera y da claridad mental. Culturalmente valoramos lo que nos ha costado un gran esfuerzo. “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Hay un pensamiento arraigado que nos dice que si conseguimos algo de forma fácil o placentera, no es valioso, incluso puede que no sea bueno. Esto nos lleva a desechar de forma automática las prácticas o actitudes, que no encierran alguna dificultad que debamos superar. Estamos habituados a complicarnos la vida. Descubrir que algo sencillo y placentero, como mover los pies, estirar la espalda o escuchar el latido del corazón de otro, puede llevarnos a un gran bienestar y hacerlo habitualmente, irá desplazando poco a poco ese patrón, y el goce de vivir, la efectividad y el bienestar empezarán a ganar terreno en nuestras vidas.

Tere Puig

Publicado en la revista AEKY

El 8 de octubre del 2016 inicia en Barcelona el ciclo de seminarios de profundización en yoga en familia 

 

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