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La atención plena en la crianza

atencion-plena-crianzaEs muy habitual en nuestra sociedad actual que vivamos en estado de alerta. Queremos estar preparados para reaccionar ante cualquier situación en cualquier momento, lo cual parece deseable y necesario. El problema está en que a este deseo le asociamos una pre-ocupación de que algo vaya a suceder, en este momento entramos en estado de alerta.

 

A menudo nos sentimos presionados o atemorizados por el entorno, y si nuestra seguridad y autoestima están en un momento bajo, sucumbimos. Esta pre-ocupación en la que caemos implica un estado de estrés; y el estrés continuado provoca una disminución en nuestra percepción, en nuestro razonamiento y nuestros reflejos. Es decir, que bajo estas circunstancias nos alejamos cada vez más de nuestro objetivo, que era: estar preparados para reaccionar ante cualquier situación en cualquier momento. La mente y los sentidos están aturdidos.

¿Cómo evitar el estado de alerta sin perder de vista nuestro objetivo? Parece claro: evitar la pre-ocupación. Concretamente, evitando la pre y centrándonos en la ocupación. Dicho de otra forma, cambiando de estado de alerta a estado de atención plena.

En estado de atención recibimos el máximo de información, interna y externa, manteniendo la quietud hasta el momento que sea necesario la actuación. Observo, escucho, huelo, saboreo y toco, todo el tiempo, hasta que algo me huela mal; y en ese momento, no antes ni después, actúo. El intervalo de tiempo que he pasado sintiendo sin actuar me ha proporcionado una reserva de energía y un estado de serenidad que harán que mi actuación sea precisa y exacta.

¿Cuántas veces hemos estado pendientes del niño durante horas y justo en el segundo que hemos mirado el reloj el niño se ha hecho daño? Estábamos en estado de alerta.

¿Cuántas veces jugando relajados con el pequeño, sin saber como, hemos evitado un fuerte golpe? Estábamos en estado de atención plena.

crianza-atencion-plenaComo en todo necesitamos práctica. Sumergirnos en las sensaciones, por ejemplo, tomando conciencia de cómo podemos percibir el ritmo del corazón sin dejar de escuchar los sonidos que hay a nuestro alrededor.

Estas es una de las prácticas que realizadas con asiduidad nos acercan al estado de la atención plena, convenciéndonos de que somos altamente perceptivos y abarcamos todas las direcciones y grandes distancias. Para percibir algo en profundidad no debemos concentrarnos en ello, necesitamos percibirlo sin dejar de percibir todo lo demás, necesitamos desconcentrarnos no hay nada que suceda de forma aislada, independiente de lo que le rodea.

Practicando de forma habitual empiezas a ver lo amplia y profunda que es tu percepción, ganas confianza en ti y en tus sensores. Empiezas a sentir que no es necesario pre-ocuparse, eres perfectamente capaz de reaccionar en el momento preciso sin necesidad de haber trazado un plan ni de haber estado concentrado durante todo el tiempo. Empiezas a pasar del estado de alerta al estado de atención plena.

Tere Puig

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